Federico Vartorelli: “En 2017 Monsanto recolectó más datos que en los últimos diez años”

El director de investigaciones para toda América del Sur aseguró que en la compañía ya almacenan más de 100 Tb (Terabytes) con datos para el mejoramiento genético de los cultivos, lo que equivale a decir que disponen de "500 millones de datos" para tomar decisiones que orienten sus investigaciones y las decisiones del productor.

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En el año 2017, la empresa Monsanto recolectó en la Argentina más información del sector agrícola que en los últimos 10 años, mediante algoritmos que analizan la big data disponible con el objetivo de elevar los rindes y optimizar el uso de insumos.

Este uso de la tecnología, le ha permitido a Monsanto ahorrar de 1 a 2 años en los tiempos que se requerían para poner una nueva variedad de maíz en el mercado.

A un costo promedio de US$ 15 por hectárea (que se realiza una vez cada seis años), la compañía realiza una “prescripción” de cada campo, dividiéndolo en fracciones de 10 por 10 metros.

La receta final surge del análisis de cada lote y la combinación de esa información con los datos que brindan las casi 50.000 parcelas con ensayos diseminadas en todo el país, además de datos climáticos históricos.

Esta semana, en su planta experimental de Pergamino, además, Monsanto informó al lanzamiento de una nueva aplicación para celulares llamada “Cultivio”, que le permite al productor ubicar en mapas satelitales el lote que va a sembrar con maíz.

A partir de allí, y mediante algoritmos que analizan la “big data” disponible sobre ensayos y cultivares, el programa efectúa recomendaciones precisas, siempre con la mira de incrementar los rendimientos y optimizar la utilización de insumos, a veces a la suba y a veces a la baja.

El equipo de investigación de Monsanto espera para este año el lanzamiento comercial en el país de un nuevo maíz modificado al que en la jerga interna denominan por ahora como “mega stack”, en referencia a que incluirá dentro de su genoma cerca de media docena de eventos transgénicos que brindar resistencias combinadas a plagas y herbicidas.

Todas las inversiones e investigaciones para ampliar el negocio del maíz, se producen mientras la compañía ha paralizado aquí la llegada de su soja Xtend, que a diferencia de la tradicional soja RR y la más reciente Intacta RR2Pro, ofrece resistencia a la aplicación de los herbicidas glifosato y dicamba.

En Estados Unidos esa variedad ya se siembra, mientras que en Brasil se espera su lanzamiento comercial en la campaña 2019/20.

Voceros de Monsanto aseguraron que en la planta experimental de Fontezuela todo ensayo que existiera con la soja Xtend ha sido destruído “por completo”, como modo de presión al gobierno para que impulse un marco legal adecuado para que quienes desarrollan tecnologías como éstas puedan percibir un retorno aceptable.

A diferencia del maíz, donde por razones biológicas el productor se ve obligado a reponer semillas año a año, en la soja existe un mercado informal de semillas al que, mediante esa nueva ley, se debería poner límites.

Los negocios locales de la compañía estadounidense se asocian mayormente al cultivo de la soja, debido a que éste fue el primer cultivo transgénico que se introdujo al país en 1996.

También porque la soja ha sido además el eje de muchos conflictos con los sucesivos gobiernos por la falta de una Ley de Semillas actualizada, que defienda los intereses de quienes desarrollan cultivos mediante biotecnología.

Monsanto, que en los próximos meses será absorbida a escala global por la alemana Bayer, es dueña de la marca de semillas Dekalb, que lidera en el mercado de maíz, con más del 50% de la superficie destinada a ese cultivo.